"Un fin de semana con Grupo Escala Montañismo y Exploración"

Para salir del estrés y de la rutina diaria siempre es bueno realizar actividades que tengan un estrecho contacto con la naturaleza, y aunque a veces se nos hace difícil aventurarnos sin conocer, estamos acostumbrados a caminar por los senderos de nuestras montañas o irnos de vacaciones al mar, o a ríos cercanos.
Pero existe otra actividad que aunque todavía es poco difundida en el estado, hay varios lugares en donde se puede practicar. Te estoy hablando de la escalada en roca. Este deporte consiste en ascender por paredes rocosas apoyándose de agarres naturales sobre la roca, tales como: repisas, cavidades, grietas, rampas, etc. usando únicamente las manos y pies, además de tu equipo de seguridad. Este deporte exige un esfuerzo físico y mental al que muchos de nosotros no estamos acostumbrados. Aunque parece complicado, tiene más que ver con cuestiones psicológicas que con la fuerza física, algo que nos produce sensaciones de libertad y dispersión del estrés.
En Chiapas existe un grupo llamado Grupo Escala Montañismo y Exploración, asociación civil sin fines lucrativos y a la que su servidora pertenece. Esta formado por un grupo de personas amantes de la naturaleza que realizan diversas actividades dentro del montañismo; principalmente la escalada en roca a nivel deportivo. Han abierto rutas para escalar en varios lugares como la Meseta de Copoya y el Cañón del sumidero, este último escalando por primera vez en la historia, así como otras rutas en el Arcotete en San Cristóbal de las Casas.
El fin de semana pasado fue diferente. Desperté y después de un buen desayuno me dirigí a donde siempre nos reunimos con el grupo para preparar el equipo. Esta vez éramos cuatro: Alejandro Rene Gómez Aldama, José Manuel Gómez Aldama, su servidora y un integrante muy especial del grupo, llamado Boulder; un perro labrador que gusta mucho de ir al campo cargando sobre el lomo su mochila con sus propias provisiones de comida y agua. Nos subimos a nuestro fiel automóvil Opel del ’72 y nos dirigirnos a nuestro destino: La Meseta de Copoya. Más tarde nos alcanzarían Carlos Macotela, otro integrante del grupo junto con Lara y Miguel, dos amigos del país vasco que nos acompañarían sumando un total de siete personas en el campamento.
Al llegar a la última calle de la colonia Altos del Sur, con mochila al hombro empezamos a caminar hacia lo alto de la meseta; cruzamos el río -donde en esta época de lluvia se forman pequeñas cascadas por el aumento del agua- y después de una hora de camino acompañados de los diferentes cantos de los pájaros del lugar, por fin llegamos a donde íbamos a acampar. Un abrigo rocoso que forma algo parecido a una cueva, en donde el piso es de tierra muy fina, y al frente hay una piedra muy grande y plana que parece “como mandada a hacer”; pero realmente muy natural, y nos sirvió como mesa de servicio. Para buscar un lugar donde acampar siempre es necesario buscar sitios abiertos como éste y no cortar la vegetación que con sus raíces retiene el suelo junto con sus nutrientes cuando llueve.
Dejamos las cosas de campismo y seguimos caminando solo con el equipo de escalada hacia una nueva zona de llamada "El Jardín del Profeta". La meta de este campamento era abrir una ruta nueva dentro de esta zona. Al llegar, nos pusimos a trabajar, cada uno se puso su arnés y mientras Alejandro ponía la cuerda de seguridad, Jose Manuel y yo admirábamos la majestuosidad de la piedra del lugar. Y así pasamos toda la tarde, tan concentrados en escalar que ni siquiera nos acordamos de comer. Al poco rato que llegaron Carlos, Lara y Miguel, nos dimos cuenta de que ya era tarde, nos sorprendió como en lo alto se veía todo muy bien por los rayos del sol, y al empezar a caminar hacia el campamento todo era mucho más oscuro cada vez, por lo tupido de la vegetación.
Al campamento llegamos casi de noche y con un hambre, que éramos capaces de comernos una res completa. Así mientras veíamos como una a una de las luces de la ciudad se iban encendiendo, nos preparamos una buena sopa para cenar, seguida del café que nunca puede faltar. Pero Boulder no se quedo atrás, el también cargaba su comida en su mochila. Y así después de la cena y la plática, todos nos dispusimos a dormir.
A la mañana siguiente nos despertamos con los gritos de las chachalacas, que alborotadas se comunicaban y como estábamos en un lugar alto podíamos ver las diferentes áreas de donde provenía su chachalaquera comunicación.
Después de desayunar unas quesadillas que nos parecieron un manjar, nos dispusimos a escalar. Alejandro y José Manuel continuaron con la tarea de armar la nueva ruta, la cual continuaron sin importar los rayos directos del sol que estuvo sobre ellos toda la mañana. Colocaron todos los seguros, uno a uno hasta que al fin terminaron, denominando la nueva ruta como "El Rey Sabio". Mientras tanto, los demás escalábamos unas rutas más conocidas pero no menos interesantes. Es difícil describir la sensación que se produce en todo el cuerpo cuando uno ha subido diez metros o más con solo las manos y pies, nuestros cinco sentidos están en la roca, y cuando al fin legamos al final de la ruta nuestra recompensa es buen descanso y la satisfacción del logro, además de una hermosa vista del lugar y la ciudad por encima de los árboles. Pero no pienses que esto es algo peligroso, la escalada en roca es deporte muy seguro siempre y cuando se haga un uso adecuado del equipo y tengas las debidas precauciones. Es como una muestra de nuestra actitud ante la vida, podemos ver nuestros miedos y vencerlos, que tanto nos cueste, solo depende de nosotros.
Y así transcurrió nuestro fin de semana tan rápido que ni nos dimos cuenta, pero regresamos a la ciudad más llenos de energía que cansados, listos para toda la semana y para otro próximo fin de escalada.
Nota: Si te interesa saber mas de la escalada en roca o contactarte con Grupo Escala Montañismo y Exploración escribe a: grupoescala@yahoo.com o entra en la página www.grupoescalachiapas.com.
